Un día, de entre las grandes nubes que habían en el cielo, salió corriendo y jugando una pequeña nube.
Su mamá, una gran nube blanca y esponjosa la llamó dulcemente... ¡Motita!, ¡Motita! ¡no te alejes mucho!.
Pero Motita era una nubecita un poquito porfiada y no hizo caso a los llamados de su mamá y siguió jugando en el amplio cielo y poco a poco se fue alejando.
El aire, lejos de su mamá, empezó a ponerse muy helado. Motita empezó a tiritar. Tiritaba y tiritaba.
De pronto notó que su cuerpo se empezaba a transformar en cientos de gotitas y empezó a caer hacia la tierra. ¡Se había transformado en lluvia!.
Al caer sobre el pasto de la pradera se unieron las gotitas en un pequeño charco y motita se sentía muy rara transformada en agua.
Afortunadamente para Motita salió el sol y empezó a sentir un rico calorcito. El calor aumentó y aumentó. Motita empezó a transpirar y se empezó a transformar en vapor.
Entonces empezó a subir y subir, y a medida que subía se convertía de nuevo en una nube.
Motita estaba feliz, y más feliz estuvo cuando abrazó a su mamá y le prometió no alejarse de ella ni siquiera para jugar a ser lluvia...